El poder del desorden

¿Por qué nos resistimos al desorden? ¿Por qué no somos un poco más desordenados? Puede parecer una invitación un tanto grotesca. Desde muy pequeños hemos sido educados en los valores del orden y la disciplina. Sin embargo, el desorden es el fundamento principal que maneja  @Tim Harford en su libro El poder del desorden. publicado en 2017 por la @EditorialConecta. Se trata de un manual que revela los beneficios que el desorden puede aportar en nuestro día a día.  Harford, autor del bestseller El economista camuflado defiende sus teorías inspirándose en la neurociencia, la antropología, sociología o la psicología.

Para defender su teoría, el autor relata de manera muy amena y entretenida una serie de casos en los cuales  un desorden reinante se ha traducido en un proceso de eficiencia. La idea que baraja el autor es que El mejor amigo de la creatividad es el estado de alerta.

.

El libro pone de manifiesto que los científicos más prolíficos, los que han publicado hallazgos importantes, son los que han cambiado con frecuencia de materia, es decir aquello que no se han mantenido exclusivamente en un área de investigación. Fleming, Pasteur o el propio Darwin son científicos que han trabajado en lo que el autor denomina red de proyectos, es decir, abrir varios campos de investigación con la ventaja que unos se retroalimentan de otros. Este proceso se traduce en tres beneficios claros:

 

1.- Empezar algo nuevo siempre es emocionante y se hace con entusiasmo.

2.- Dar vueltas a un proyecto mientras se trabaja en otro alimenta la inspiración y pueden producirse cruces de ideas interesantes para ambos proyectos.

3.- Trabajar en red de proyectos es una válvula de escape. Cuando un proyecto parece agotarse se cambia a otro con el consiguiente beneficio de la frescura de ideas.

El libro también relata casos como los de Le Corbusier o Steve Jobs, dos de las personas más influyentes de nuestro tiempo. A Jobs siempre le obsesionaba la idea de las interacciones fortuitas. Pensaba que los trabajadores tenían que mezclarse, conocerse y hablar. Cuando diseñó la sede de Pixar estableció solo un par de baños en cada planta y siempre alejados uno de otro. Era una manera de obligar a los equipos de trabajo a transitar por el pasillo. Harford también recoge en su libro anécdotas de Jeff Bezos y los inicios de Amazon que fueron un verdadero caos. Posiblemente, fue el mejor contexto para desarrollar el gran gigante que hoy día es la compañía.

El potencial que tiene el desorden y el caos también se puede verificar según el autor en cosas cotidianas. En la década de 1980, un ingeniero de tráfico Hans Monderman fue enviado al pueblo de Oudeshaske en Holanda para analizar y plantear soluciones a los problemas de tráfico que había en la zona. Habían muerto varios niños por atropello. Las soluciones tradicionales de radares, semáforos, badenes y señales de tráfico no estaban funcionando. Monderman probó algo revolucionario: crear caos y confusión. Lo primero que hizo fue retirar todas las señales de tráfico del pueblo, sustituyó el asfalto por adoquines y situó al mismo nivel la acera y la vía para circular. En lugar de facilitar las cosas  a los conductores estaba generando ambigüedad y confusión. La lógica del ingeniero era  que una situación confusa siempre nos obliga a prestar atención. Al obligar a los conductores a enfrentarse a la posibilidad de pequeños errores se reducía en gran medida la probabilidad de que cometieran errores más graves, como los atropellos.

El libro relata muchas más historias y vivencias en las cuales se pone de manifiesto que  cualidades tan valoradas como la creatividad o la capacidad para innovar están muchas veces relacionados con el desorden y la improvisación. Sin duda, se trata de una perspectiva diferente a la manera de pensar tradicional que ha premiado siempre el rigor, el orden y la disciplina.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.